Hace unos días Abril Camino, escritora y correctora a la que sigo bastante en redes, publicó este post sobre la importancia de contratar a un buen corrector para nuestras obras: Corregir una novela: a quién contratar (y sobre todo, a quién NO contratar JAMÁS) 

Me encantó su post por dos razones: la primera, porque desde hace un tiempo tengo la sensación de que los correctores de estilo y ortotipografía, y los coaches literarios, han proliferado como setas. Los que como yo precisamos de un buen profesional que pula nuestras historias estamos como mínimo, desconcertados. No sabemos a quien contratar. Porque sí, hay mucho profesional, pero también mucha gente que sin tener la preparación necesaria se lanza a ofrecer servicios que no debería vender.

Y la segunda, porque esto de lo que habla Abril, y que sucede con los correctores, es exactamente lo mismo que nos pasa a los gráficos desde hace varios años. Porque desde que existen Gimp y las páginas de fotografías libres de derechos resulta que todo el mundo es diseñador y hace portadas (o cubiertas) para los demás.

No voy a luchar contra ello. Es una batalla perdida en el sentido de que siempre habrá alguien que contrate a esos «diseñadores» o «correctores» (a los que yo llamo ejecutores y luego exlicaré por qué), porque su precio es menor. Porque pensarán que no se puede ir más allá. Porque se conformarán. O por la razón que sea. Porque cada cual tiene la libertad de hacer lo que crea mejor.

Pero sí quiero romper una lanza por el buen diseñador, el de toda la vida, el que conceptualiza antes de diseñar. Y para eso es esta entrada. Para que, a la hora de contratar a alguien, sepáis lo que podéis esperar de él o ella y lo que deberíais exigir.

Y también es para aquellos «juanpalomos», los que deciden que tienen que hacerse ellos mismos el grafismo y la maquetación, a los que respeto muchísimo, pues yo también formo parte de ellos. Personas que no tienen otros medios, que saben que quizás no obtengan un resultado profesional pero que tienen claro que solo lo hacen para ellos mismos.

Para todos los que alguna vez han tenido que contratar servicios gráficos y/o buscarse las castañas maquetando y diseñando por su cuenta, va este post.

Los ejecutores

Un ejecutor, hablando de diseño de portadas, es alguien que tiene el poder de crear tu portada (ejecutar el trabajo) y a la vez, destrozarla por completo (asesinarla pública y vilmente).

¿Y cómo lo consigue? Pues presentándote una portada no profesional, creada con recursos mínimos (incluso con diseño reutilizado hasta la saciedad, suyo o de otros), convenciéndote de que es maravillosamente original y cobrándote por ello.

Algunas pistas que te indican que estás tratando con un ejecutor:

  • Te pide información mínima sobre tu libro. En las novelas, por ejemplo, con el género, los protagonistas y la sinopsis tiene suficiente.

  • No se interesa por tus otros libros, por si tienes una imagen personal, una línea. Trata el libro como un ente independiente, incluso de ti misma.

  • Te pregunta por tus portadas favoritas para copiarlas.

  • No sigue las normas básicas de legibilidad, muchas veces, con la excusa de las «licencias de diseño».

  • Utiliza tipografías que no se leen bien o a las que les falta alguna letra en castellano porque «están de moda»

  • Reparte las palabras como mejor le conviene para su diseño, sin tener en cuenta cómo se leerán o si se leerán siquiera.

  • No calibra bien el suficiente contraste entre tipografías y fondos, tanto planos como fotográficos o ilustraciones.

  • No tiene en cuenta que las miniaturas de las portadas deben verse bien en pantalla.

  • Utiliza siempre los mismos recursos gráficos.

  • Basa su diseño en encontrar la fotografía más bonita para tu portada y si buceas tú en el banco de imágenes y la eliges, mejor.

  • Copia descaradamente los diseños y tendencias de otras editoriales o estudios de diseño.

  • No está abierto a cambios. No sabe ejecutarlos.

  • Se compromete a tener tu portada, la contra, el lomo y la maquetación del texto de tu novela de 500 páginas para el día siguiente.

  • No cumple las fechas de entrega y te da largas cuando le reclamas.

Una vez dicho esto quiero aclarar que en realidad no estoy radicalmente en contra de los ejecutores por tres razones. La primera es que los diseñadores también pecan de ejecutores, en alguno de esos sentidos, alguna vez. La segunda porque si el ejecutor es sincero con su potencial cliente y le dice, por ejemplo: «yo solo hago portadas en base a estas tres plantillas, escoge una y le pongo tus datos», o «no soy profesional y no voy a cobrarte como profesional, esta es la calidad que puedo darte, si quieres cómprala», y el cliente compra, es una decisión consciente del cliente, por la razón que sea. Y la tercera porque los ejecutores hacen que el trabajo de los profesionales brille con más fuerza.

Los diseñadores

Un diseñador es alguien que tiene el poder de reflejar en tu portada el alma de la historia que has escrito, acentuando su singularidad.

¿Y cómo lo consigue? Pues tratando a tu historia como algo único. Conociendo las reglas gráficas de tu género y yendo más allá de ellas. Anteponiendo la creatividad a la técnica.

Algunas pistas que te indican que estás tratando con un diseñador, pueden ser:

  • Habla contigo sobre tu libro, sobre la época que retrata, el punto de vista, los protagonistas, la trama, los personajes secundarios, lo que quieres expresar con esa historia, de qué va en realidad... Le interesa saber cuál es el tema principal, los temas secundarios, qué elementos son los más importantes en la historia, si hay símbolos, cual es el trasfondo, los principales miedos, las victorias... Todo lo que puedas explicarle. Te pide el manuscrito para echarle un vistazo, o leérselo entero si no es excesivamente largo.

  • Se interesa por tus otras publicaciones, quiere saber si tienes una imagen de escritor, si tienes un logotipo, si tienes algo que gráficamente identifica a tus libros. Si este en concreto que debe diseñar es parte de una saga, y si es así, se interesará por las otras partes, para poder hacer algo en conjunto que tenga coherencia.

  • Te pide referencias gráficas para conocer tus gustos.

  • Conoce y sigue las normas de legibilidad, que por otra parte, son lo mínimo que se le puede pedir a un diseñador.

  • Utiliza los recursos gráficos adecuados para cada tipo de historia.

  • Conceptualiza, bocetea, imagina y piensa, muchas veces en analógico, sobre la portada antes de buscar cualquier recurso gráfico.

  • Es original.

  • Está abierto a involucrarte en el proceso de diseño y a cambios. No hay que perder de vista que el diseñador es el profesional, y no le has contratado para que haga lo que tú le dices (para eso contrata a un ejecutor), pero también que tienes voz en el diseño. Todo es debatible y la relación será cordial mientras cada uno tenga claro el papel del otro.

  • Se toma su tiempo para hacerlo lo mejor posible. Respeta las fechas de entrega y si hay algún retraso lo comunica por adelantado y te da una nueva fecha.

  • Te muestra cómo de adelantado está el trabajo si se lo pides. No tiene inconveniente en mostrarte su proceso.

Puedes tomar a Chip Kidd como ejemplo de diseñador. (De hecho, deberías) No te pierdas la charla que dio en TED, y que te incluyo aquí abajo. Está subtitulada en castellano.

Los Juan Palomo

Un o una «juanpalomo» es aquella persona que no se ha acercado nunca a un ejecutor o un diseñador porque tiene razones de peso para no hacerlo. La económica, podría ser una de ellas.

Como ya he dicho respeto muchísimo a los que se comprometen a intentarlo, esa fue una de las razones por las que escribí el post «Una portada de Oscar para tu libro autopublicado, en tres pasos»  y ahora, este. Porque creo que si vas a hacerlo por tu cuenta, es mejor que te guíes por como trabaja un diseñador que un ejecutor.

Lo principal antes de diseñar es pensar, profundizar y armonizar. No conformarte con lo que han hecho los demás. Intentar dar un paso más. Traspasar la línea que te marca el miedo, sonreírle y decirle adiós con la mano mientras te lanzas más allá. Poner la legibilidad y la comprensión por encima de lo demás. Y por supuesto, inspirarte en lo que está bien hecho pero nunca copiarlo.

Y hablando de inspiración

Para acabar el post voy a hacer mención a algunos diseños y diseñadores, que creo que hacen un buen trabajo, y que son perfectos para encontrar inspiración. Allá van:

pentagram.com // @pentagram

Una de las agencias más conocidas y reputadas del mundo. Todo su trabajo es inspirador, pero como estamos hablando de diseño editorial y de portadas (y como yo soy de la parte romántica de la literatura), voy a destacar la identidad visual que hicieron para la editorial Mills & Boon  y que seguramente os suene porque ha sido mal copiada con descaro hasta la saciedad, por propios y extraños (sobretodo los de la colección Dare). Un ejemplo sobre cómo tratar una línea en la que hay diferentes temáticas de romántica, respetando la singularidad de cada una y la coherencia de la línea general. Pincha aquí para ver su trabajo completo.


efitzdesign.com // @erinferdinand

Dentro de lo comercial, entre las diseñadoras autónomas, voy a destacar a Erin Fitzsimmons una de las mejores portadistas que he visto últimamente. Por su portfolio se nota que es una diseñadora versátil, que se preocupa de desnudar el alma de la historia para saber qué es lo que importa que refleje la portada. Sus portadas son coherentes con la novela (género y público objetivo), se nota que conoce bien el mercado editorial (no en vano ha sido directora de arte en Harper Collin's Childrens Books) y,sobretodo, se nota que tiene gusto y oficio, mucho oficio. Cosas que me parecen especialmente destacables de su trabajo son:

1.Que aunque la mayoría de portadas tienen una estructura muy tradicional (y comercial) también experimenta y se lanza con cosas más atrevidas e impactantes. Cuando la historia lo facilita juega sin miedo con la composición, los colores saturados, los títulos y las fotografías y siempre acierta.

Fíjate en la sensación de peligro que transmite Monday’s not coming, la soledad de allegedly, la llamada desesperada y angustiada de Black Boy White School, la de falsedad y naturalidad en el retrato pintado de Everything that makes you y en el vértigo de Release.

2. Que hace un buen planteamiento de la imagen en sagas, bilogías y trilogías. Algunos más conservadores como los libros de Lauren Oliver, en los que se plantean elementos fijos que se repiten exactamente igual y dan continuidad como la tipografía, la posición del tagline, el título, el nombre de la autora y la forma de corazón flotante en el centro de la portada con un  fondo de color solamente matizado por algunas sombras. Lo que diferencia a las portadas (además de el título de la novela y el tagline) son los colores (aunque siguen una gama cromática coherente), los materiales con los que se han creado los corazones y los colores de fondo y de las tipografías.

Y otros con más juego como las portadas para los libros de Curiosity House. En estas portadas los elementos fijos son: el estilo de la ilustración, la tipografía, la manera de mostrar el título de la colección de libros y el título del libro en sí, dentro de un cartel y una pancarta y el lugar donde pone el nombre de los autores. Las ilustraciones son diferentes y los colores predominante también. Pero el tono general, el discurso, la sensación, es la misma en todas las portadas.

3.Que utiliza la ilustración y la fotografía, incluso combinándolas, de maravilla. La fotografía de The lies they tell no es en absoluto una fotografía que alguien definiría como de portada, es oscura, pero es esa misma oscuridad y la composición la que la hacen muy interesante y enigmática. El tratamiento de la fotografía quemada y las ascuas elevándose, además de la tipografía de palo seco en rojo, acentúan la sensación de peligro que ese Lies, mucho más grande que cualquier otra palabra de la portada, nos confirma.

4.Que juega con que la tipografía también se convierta en un elemento de imagen y transmisión del mensaje, como en la portada de Heroine.

5.O cómo resuelve la portada de Juba! de manera acertada, combinando los pesos y características de dos tipografías, y creando lo que a simple vista parece una «ensalada tipográfica» consistente y elegante.

Y si algo quiero que quede claro es:

Que todos somos libres de hacer lo que nos de la gana con la portada de nuestros libros. De copiar a los clásicos o no tan clásicos. De conformarnos con algo sencillo que cumpla su función (que eso en algunos ya es mucho). De exigir lo mínimo, esto es, que sea legible, que nos sitúe bien en la historia, que los detalles principales queden claros (género, si es histórica o contemporánea, etc...). De decidir que no vamos a rompernos la cabeza. O de buscar sin descanso al ilustrador perfecto para nuestra historia de ciencia ficción. De decidir que queremos un diseño o una ejecución. Dependiendo de nuestra situación y nuestras metas ambos, en mi opinión, son válidos. Pero eso sí, no nos engañemos: nunca serán lo mismo.

¿Y tú? ¿Diseñas o ejecutas?

 

Créditos:

Fotografía de cabecera, libre de derechos, por Jj Mendez via Unsplash

 

2 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Los datos que proporciones mediante este formulario serán tratados por María Carmen Latorre como responsable de esta web y destinataria de los mismos. La finalidad de la recogida de estos datos es gestionar los comentarios. Estos datos estarán almacenados en los servidores de Hostinger International Ltd (Hostinger España) situados en la Unión Europea (política de privacidad de Hostinger España) Legitimación: Tu consentimiento expreso. Derechos: Puedes ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y supresión enviando un correo electrónico a hola@mclatorre.com. Puedes consultar la información completa y detallada sobre privacidad en mi política de privacidad.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.